miércoles, noviembre 01, 2006

El Delito de Ser Pobre.



Me imagino que, con el título de este post a más de alguno de mis amigos más momios que yo les debe estar dando ataque... No se asusten, todavía no me hago comunista. Al menos, no tan comunista como cree el Borrachito de Aric!.

Lo que pasa es que en la ciudad de Orlando, en Florida, la municipalidad acaba de aprobar dos leyes que, eventualmente tendrán que ser descartadas por inconstitucionales, pero que son versiones revisadas de esa teoría que decía que, para terminar con la pobreza, no había mejor solución que cobrarle impuestos a quien quiera que se declare pobre.

Orlando es una ciudad moderadamente rica, donde muchos americanos se van a vivir después de jubilarse: tiene buen clima, es relativamente barata y es muy ordenada. Al mismo tiempo, y por más o menos las mismas razones (más la producción de fruta) es un foco muy atractivo para los homeless que encuentran trabajos informales en forma relativamente fácil y que no tienen que pelear con el frío inclemente de las inacabables noches de invierno del noreste, por ejemplo.

La primera ley estableció que no se podía pedir plata en cualquier parte. Los panholders sólo podrían desarrollar su actividad en zonas especialmente delimitadas en las aceras de algunas calles, según lo determinara la municipalidad. Al mismo tiempo, puso aún más restricciones a las áreas donde es posible dormir o comer en la calle (en gran parte de EEUU, comerse un sandwich sentado en la acera o tirarse en la vereda a dormir es una falta y te pueden llevar preso por hacerlo).

La idea, no declarada por supuesto, de esta ley era desincentivar el flujo de homeless hacia Orlando. Como no resultó demasiado, decidieron ponerse aún más duros.

La segunda ley establece que es delito alimentar a un homeless en la vía pública. Si una organización de caridad (de esas que abundan por todo EEUU) quiere repartir comida a los homeless debe solicitar autorización municipal y sólo puede hacerlo en zonas especialmente habilitadas para eso (es decir, no en los parques, como es la práctica habitual) y a un número limitado de beneficiarios. Por supuesto esto hace que, en la práctica, sea imposible para estas instituciones continuar repartiendo alimentos.

Ambas leyes son el primer caso, desde el fin de las leyes de segregación, que hacen una diferencia entre las personas de acuerdo a su nivel de ingreso... son leyes que, en la práctica, convierten en delito el ser pobre o el ayudar a los pobres. Por lo mismo, la mayoría de los abogados que las han estudiado, las considera inconstitucionales y creen que serán finalmente derogadas por la Corte Suprema. Mientras tanto, el grupo Food Not Bombs y la Primera Iglesia de los Vagabundos de Dios presentaron un recurso en contra de la ciudad diciendo que la ley viola al menos tres derechos constitucionales (libertad de expresión y reunión, ejercicio libre de la religión y el derecho de igualdad ante la ley).

Al mismo tiempo, los dos grupos continuan repartiendo comida desde autos y camionetas, muchas veces en frente de edificios públicos (incluso, frente a la municipalidad) como una forma de demostrar que la ley no sólo es estúpida, sino que también es imposible de fiscalizar.

Encuestas entre los homeless de Orlando muestran que estos no tienen ningún incentivo a marcharse de una ciudad que, aunque hostil, aún perciben como deseable para vivir en ella. En resumen, parece que declarar la pobreza ilegal no alcanza para hacer desaparecer a los pobres.

2 Comments:

Blogger tombrad said...

Acuérdate que desde hace tiempo yo vengo proponiendo que se agregue al código penal el delito de pobreza: todo el que no genera un piso mínimo de $$ se va a la cárcel con trabajos forzados y gratuítos en las fábricas de los ricos.

Aunque con el tiempo lo he ido pensando y cada vez lo encuentro más mala idea. La pobreza es igual que la basura, no le hace daño a nadie pero es antiestética, por eso los corazones de abuelita andan haciendo drama del hecho natural de ser pobre.

Por eso ahora tengo otro proyecto, se llama "es cool ser pobre", los pobres trabajamos menos y por lo general vivimos más, somos más prolíficos lo que indica una vida sexual más activa y -como todo el mundo sabe- "el dinero no compra la felicidad".

La solución entonces sería que se invierta la escala de apreciación social: que los pobres sean admirados y los ricos mirados en menos. Así los pobres se segregarán en sus propios barrios para no juntarse con la chusma de los ricos, y todos felices.

La pobreza se parece tanto a la basura que muchos pobres incluso viven en medio de ella.

5:33 PM  
Anonymous Anónimo said...

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5:57 AM  

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