jueves, diciembre 17, 2009

Jornada Escolar Completa: El Transantiago... 10 años antes.

“Si queremos calidad en nuestra educación, necesitamos más tiempo de nuestros alumnos en clases; más tiempo para que los profesores trabajen en los aspectos pedagógicos y de reforma curricular; más tiempo para actividades de apoyo al trabajo y recreación de los alumnos…”

Así anunciaba el presidente Frei el 21 de mayo de 1996, la creación de la Jornada Escolar Completa (JEC). Hoy, un alumno de un colegio público o particular subvencionado pasa un 35% más de tiempo en la sala de clases que el alumno promedio del club de los países ricos de la OCDE.

Llama la atención lo lacónico del anuncio que comunicaba al país una de las reformas educacionales más importantes de las últimas décadas. Más aún, debe llamar a reflexión la vaguedad con que se enuncian sus propósitos y cómo, al menos en apariencia, algunos resultan sospechosamente contradictorios: si se pretendía apoyar las actividades de recreación, ¿no debieron exigirse más horas extra en actividades recreativas en lugar de en clases?

Trece años después de este anuncio, ¿dónde estamos? Lamentablemente, no muy lejos. Evaluaciones serias disponibles dicen que los alumnos de colegios con JEC han mejorado marginalmente sus puntajes SIMCE en lenguaje. En matemáticas o ciencias, no hay beneficio alguno. En el área recreativa, quedémonos con la voz de los pingüinos que señalan que la JEC ha sido, solo “más de lo mismo”.

En los retornos indirectos, hay cierta evidencia que las madres de los niños que van más horas al colegio tienen entre un 3 y 4.5% más de probabilidades de entrar al mercado laboral, lo que tiene un efecto significativo en ayudar a algunas familias a salir de la pobreza. Hoy niños y adolescentes pasan más tiempo en el colegio y menos en la calle, lo que podría tener un efecto en la delincuencia juvenil pero no contamos con una evaluación de este aspecto de la reforma. En definitiva, sospecho que los retornos han sido modestos.

¿Qué hay de los costos? La JEC genera costos de dos formas: los colegios debieron invertir en infraestructura para implementar el programa y, para mantener los mismos alumnos más tiempo en el colegio haciendo “más de lo mismo”, se requieren más profesores, inspectores, etc. que se financian con una subvención más alta. Una estimación simple pero conservadora arroja que se han gastado del orden de 5.000 millones de dólares en la JEC desde 1998 y que se seguirá gastando, en valor presente, el equivalente a 9.000 millones más. En total, 14.000 millones de dólares, casi tres veces lo que costará el Transantiago hasta el 2014. ¿No podría haberse hecho algo mejor por la educación de nuestros niños con esos recursos? Posiblemente, pero nunca lo sabremos.

La JEC es otra oportunidad desperdiciada, otro paso perdido en el camino por proveer una educación de calidad a nuestros jóvenes y niños. ¿No habría sido mejor destinar parte de los recursos a investigación seria, con trabajo de campo e implementaciones piloto que permitieran evaluar y diseñar mejor la política antes de generalizarla? A lo mejor habríamos aprendido algo y producido realmente un cambio cualitativo en la educación. Tampoco, como comprobaríamos menos de una década más tarde, se aprendió la lección respecto a la necesidad de diseñar y evaluar convenientemente políticas públicas masivas de alto impacto.

2 Comments:

Blogger Alfredo Robles said...

Si tan sòlo los recursos en ese año se hubieran aprovechado para destinar menos alumnos por sala y no para aumentar la carga, aquì se optò por cantidad y no por calidad.

2:39 PM  
Blogger Nervio said...

Que quieres en un pais donde pocos saben algo minimo de economia basica

aca se piensa como leguleyo

se ocurre una idea y se buscan datos para que parezca bonita

Saludos!!!!

12:10 PM  

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