viernes, marzo 05, 2010

Formando al voluntario del mañana.

Si hay algo que todos los chilenos tenemos garantizado al nacer, además de un número de RUN, es que durante nuestra vida nos tocará vivir al menos una catástrofe natural. A mi generación ya le han tocado varias: inundaciones, aluviones, tres terremotos, etc. Así es nuestro país y sospecho que parte importante del modo de ser chileno deriva de este permanente estar condicionado por la naturaleza de nuestra tierra.

Los terremotos son fuente de ejemplo y aprendizaje inagotable, los profesores de macroeconomía hablarán de efecto reactivador, inversión, coordinación de expectativas; los profesores de micro hablaremos de cambios en la razón capital/trabajo, tasas de retorno al capital y movimientos de demanda; los profesores de finanzas explicarán los movimientos de tasas de interés de corto y largo plazo, la inversión de la curva de retornos, etc.; los profesores de ingeniería estructural, arquitectura, mecánica de suelos y fatiga de materiales usarán por años fotos de este terremoto para mostrar como se ven las cosas cuando salen o se hacen mal y como se ven cuando salen o se hacen bien. Y, espero, nuestros políticos aprenderán algo sobre como organizar un sistema de manejo de emergencias que funcione razonablemente.

Yo también he tratado de hacer de este terremoto una experiencia de aprendizaje, pero no en la sala de clases sino en mi hogar. Los padres que son religiosos tienen una forma fácil de inculcar en sus hijos la solidaridad: Dios lo manda. Para los que somos ateos la tarea es un poco más difícil, por lo mismo he tratado de sensibilizar a mi hijo mayor respecto al dolor humano. Lo he llevado a centros de acopio de ayuda, lo llevé a comprar las cosas que donamos y planeo sentarlo un rato a ver la Teletón conmigo esta noche. Sobretodo, quiero que entienda por qué la labor de los jóvenes voluntarios es tan importante. Yo hice esa pega de ordenar y distribuir donaciones un par de veces en mi colegio y su madre la hizo en la U para los aluviones, de esa experiencia le contamos cosas: las buenas, actos de generosidad impresionantes, y las malas como la gente regalando trajebaños o colchones sucios. Tratamos de transmitirle que quien dona algo inútil no sólo ataca la dignidad de quien podría recibirlo sino también afecta a su propia dignidad.

Se han generado conversaciones interesantes. Especialmente cuando le dije que, para la próxima catástrofe, cuando el sea más grande, me gustaría mucho verlo haciendo el trabajo de los jóvenes a los que entregamos nuestras donaciones... Espero hacer bien esta parte de mi pega, nuestros hijos tienen garantizado que les tocará vivir otro desastre en el futuro, es parte del ser chileno el preocuparse de formar los voluntarios del mañana.