miércoles, marzo 24, 2010

Los Conservadores No Quieren Esperar

(Publicado en The Clinic, el 18 de Marzo de 2010)

En Chile, la Iglesia y el Estado fueron formalmente separados en 1925. Esta separación se mantuvo con casi las mismas palabras en la Constitución Política de 1980. El articulado en cuestión garantiza la libertad de culto y el libre ejercicio en Chile, en igualdad de condiciones, de todas las religiones que no ofendan los siempre informes conceptos de “la moral, buenas costumbres y orden público”. La Ley de Cultos (19.638) garantiza la no discriminación de las personas en virtud de sus creencias religiosas así como su facultad (pero no derecho) de recibir adiestramiento religioso en la fe elegida y, más importante, de no ser obligados a participar en actos de culto o a recibir asistencia religiosa contraria a sus convicciones. En principio, esto debería implicar que el Estado no actúe de forma alguna en materia religiosa pues, en cuánto se avala o protege una forma de religión la igualdad entre las creencias se ve vulnerada. Si el Estado decide la enseñanza del culto Jedi en las escuelas, ¿no vulnera eso el principio de no discriminación en contra de los católicos o los seguidores del Monstruo del Espagueti Volador? Al cabo, estos niños estarán directa o indirectamente expuestos en sus escuelas a una religión que no es la que han elegido o profesan.


El 12 de Marzo, luego de la Oración Ecuménica el nuevo ministro de Educación Joaquín Lavín declaró su interés en fortalecer la enseñanza de la religión en Chile en concordancia con lo expresado por el Arzobispo de Santiago en cuanto “…en Chile hay una nueva ley de Culto que establece que si un determinado número de niños pide que se hagan clases de una religión determinada, nosotros queremos hacerlo” Debo confesar que no sé a qué ley se refiere Lavín ya que la que comúnmente se denomina Ley de Cultos no contempla esta posibilidad. Sí es curiosa la fraseología que, en rigor, no dice nada pero dice mucho. Si un determinado (¿determinado por quién?) número de niños solicita una clase de religión eso no tiene efecto alguno ya que la decisión corresponde, según ley, a los padres de los hijos no emancipados. Pero supongamos que Lavín desea aplicar el principio de Vox Populi y que una horda de Pingüinos aparece en su oficina solicitando clases de Brahmanismo. El quiere hacerlo… ¿hacer qué? Nada dice que haya obligación alguna de ofrecer clases de hinduismo, la ley establece la facultad pero no el derecho de recibir dicha formación. Las palabras de Lavín sólo lo obligan a querer ofrecer clases de hinduismo, no a ofrecerlas.


La ley chilena (D.S. 924) indica que la enseñanza de la religión en Chile debe ofrecerse en forma obligatoria en todos los colegios pero es opcional para los alumnos, la religión a enseñar puede ser cualquiera que no atente contra el mismo criterio informe anterior agregando un “sano humanismo” que supongo debe limitar un tanto a la cienciología dianética. En todo caso, la misma ley estipula que el Ministerio de Educación debe aprobar los programas de estudio lo que puede llevar a situaciones delirantes como que el ministerio apruebe simultáneamente un programa de ciencias que sostenga la validez de la teoría de la evolución y uno de religión que la niegue completamente. Un texto aprobado por el Ministerio puede sostener la divinidad de Jesús de Nazareth y otro texto también visado por el Ministerio sostener que se trata sólo de un profeta mayor.


Si lo anterior no le parece grave sí debería preocuparle que en un país en que la iglesia está separada del Estado se usen recursos públicos para la enseñanza de la religión. Lo mismo da si son todas las religiones sin distinciones ni preferencias (evento imposible de verificar) o una en particular y no dudemos de cual Lavín y su sector preferiría enseñar, partiendo por el llamado de Gonzalo Rojas en El Mercurio del 10 de Marzo a que el Ministerio de Educación ordene a los profesores “enseñar verdades y no dudas”.


En una discusión privada post terremoto alguien lanzó la idea que era mejor dar una tregua, que el liberalismo pasara a segundo plano mientras las necesidades básicas de muchos chilenos no estén satisfechas. En un acto paradojalmente profético, la conclusión fue articulada parafraseando a Juan Pablo II: “El liberalismo puede esperar”. La asonada de Lavín demuestra que la conclusión fue errada: el conservadurismo no está dispuesto a esperar.

viernes, marzo 05, 2010

Don Ricardo...

Acabo de leer en Twitter la siguiente reflexión "Yo era de los que ni siquiera saludaba al conserje, pero él fue el primero en tenderme una mano esa noche" bueno, no es mi caso... Aunque he insistido para que mi mujer haga lo mismo, soy el único de la familia que se sabe el nombre de todos nuestros conserjes y nocheros, siempre los saludo y a todos les pregunté como les fue con el temblor en sus casas. A todos menos a uno...

La noche del terremoto estaba de nochero Don Ricardo. Cuando llegué al primer piso a mirar cómo estaba el edificio (no es que sepa mucho de estructuras, pero reconozco una rotura de mampostería de una grieta) Don Ricardo fue el primero en hablarme. Luego, durante la noche, Don Ricardo se paseó por todo el edificio ayudando vecinos que decidían irse, cortando el agua de departamentos donde se rompieron cañerías por termos que salieron a caminar, etc. Al lado de la puerta de mi departamento, justo al frente de la puerta que da acceso a los medidores de agua, hay una mancha de sangre: Don Ricardo se rompió la rodilla con un alambre al cerrar la llave de paso del departamento de enfrente que producto de una rotura estaba inundando el piso de más abajo...

A pesar de todo esto, no le he dado las gracias a Don Ricardo por su trabajo esa noche. ¿Por qué? Bueno, porque no he vuelto a verlo. Dos días después del terremoto explotó un aneurisma en el cerebro de Don Ricardo y, desde entonces, está hospitalizado en el instituto de neurocirugía. Dos días le peleó Don Ricardo a la muerte y ayer fue operado del cerebro. Aparentemente, todo salió bien, habría recuperado la conciencia y reconocería a los suyos. Acá en el edificio los vecinos nos pusimos de acuerdo y aportamos algún dinero para ayudarle a solventar sus gastos mientras se recupera. Me da vergüenza no haber sido yo el que comenzó la campaña.

En fin, cuando vuelva Don Ricardo le voy a dar las gracias por todo lo que hizo esa noche... por ahora, taparé la mancha de sangre frente a mi puerta con el limpiapiés. No se le vaya a ocurrir a alguien limpiarla.

Formando al voluntario del mañana.

Si hay algo que todos los chilenos tenemos garantizado al nacer, además de un número de RUN, es que durante nuestra vida nos tocará vivir al menos una catástrofe natural. A mi generación ya le han tocado varias: inundaciones, aluviones, tres terremotos, etc. Así es nuestro país y sospecho que parte importante del modo de ser chileno deriva de este permanente estar condicionado por la naturaleza de nuestra tierra.

Los terremotos son fuente de ejemplo y aprendizaje inagotable, los profesores de macroeconomía hablarán de efecto reactivador, inversión, coordinación de expectativas; los profesores de micro hablaremos de cambios en la razón capital/trabajo, tasas de retorno al capital y movimientos de demanda; los profesores de finanzas explicarán los movimientos de tasas de interés de corto y largo plazo, la inversión de la curva de retornos, etc.; los profesores de ingeniería estructural, arquitectura, mecánica de suelos y fatiga de materiales usarán por años fotos de este terremoto para mostrar como se ven las cosas cuando salen o se hacen mal y como se ven cuando salen o se hacen bien. Y, espero, nuestros políticos aprenderán algo sobre como organizar un sistema de manejo de emergencias que funcione razonablemente.

Yo también he tratado de hacer de este terremoto una experiencia de aprendizaje, pero no en la sala de clases sino en mi hogar. Los padres que son religiosos tienen una forma fácil de inculcar en sus hijos la solidaridad: Dios lo manda. Para los que somos ateos la tarea es un poco más difícil, por lo mismo he tratado de sensibilizar a mi hijo mayor respecto al dolor humano. Lo he llevado a centros de acopio de ayuda, lo llevé a comprar las cosas que donamos y planeo sentarlo un rato a ver la Teletón conmigo esta noche. Sobretodo, quiero que entienda por qué la labor de los jóvenes voluntarios es tan importante. Yo hice esa pega de ordenar y distribuir donaciones un par de veces en mi colegio y su madre la hizo en la U para los aluviones, de esa experiencia le contamos cosas: las buenas, actos de generosidad impresionantes, y las malas como la gente regalando trajebaños o colchones sucios. Tratamos de transmitirle que quien dona algo inútil no sólo ataca la dignidad de quien podría recibirlo sino también afecta a su propia dignidad.

Se han generado conversaciones interesantes. Especialmente cuando le dije que, para la próxima catástrofe, cuando el sea más grande, me gustaría mucho verlo haciendo el trabajo de los jóvenes a los que entregamos nuestras donaciones... Espero hacer bien esta parte de mi pega, nuestros hijos tienen garantizado que les tocará vivir otro desastre en el futuro, es parte del ser chileno el preocuparse de formar los voluntarios del mañana.